
Vivimos semanas convulsas y emocionantes. Abriéndose paso entre la incertidumbre de lo que el Movimiento del 15 de mayo nos deparará, se han desvelado ya algunas certezas. La más importante de ellas, al menos para el que firma, es la recuperación de la calle y de la plaza, del espacio público, para la convivencia no consumista.
No descubriré nada nuevo si hago hincapié en que algunos de los pilares fundamentales que sustentan la sociedad contra la que ahora nos levantamos son la individualidad, la competición y el consumismo. Los tres son elementos básicos de un engranaje que boicotea la convivencia cívica y convierte nuestras calles en lugar de paso, poco más que un mero e inevitable tránsito entre tienda y tienda. Contra ese concepto que reduce ciudadanos a consumidores, se abren iniciativas espontáneas que pretenden hacer de nuestras aceras, parques y plazas lugares para conocer y reconocer a nuestros conciudadanos: la vía pública como fin en sí mismo, como escenario de nuestra vida ociosa y deliberativa con los demás.
La explosión del 15M ha llevado nuestra visión de ese otro mundo posible desde la reclusión inoperativa a las grandes plazas de todo el país. Allí estamos debatiendo y compartiendo con gentes desconocidas los problemas y soluciones a un sistema cada vez más asfixiante. Pero el asfalto de nuestras ciudades y pueblos no han de ser solamente lugar de reflexión política: ese otro mundo deseado es, ante todo, un lugar para el disfrute y la felicidad compartida.
Desayuno con Vallandantes, nacido premonitoriamente pocos días antes del 15 de mayo, es uno de esos proyectos que pretenden hacer de la ciudad un espacio de convivencia, dónde compartir y disfrutar del prójimo de forma natural y espontánea. La idea, extendida ya en ciudades de todo el planeta, es brillante en su sencillez: cada cual se acerca a la plaza o el parque con algo qué compartir para desayunar. Un termo con café, un bizcocho, unas pastas, una empanada o una tortilla.
El del próximo 10 julio será el tercer encuentro mañanero de los Vallandantes. Bajo la premisa de que el verano mesetario también puede y debe ser refrescante, proponen un desayuno a las 11 AM en la Playa de las Moreras, a orillas del Pisuerga. Preparen sus pistolas y globos de agua, esta vez el café estará pasado por agua.