sábado, 1 de octubre de 2011

Revolución

Es que no hay manera. Lo he intentando, de verdad que sí, pero está visto que no. Intenté dar un cariz serio y formal al blog, ponerme trascendental y lanzar al mundo mi mensaje de responsabilidad social y política. Ni más ni menos, creyéndome poco menos que un anti-Sánchez-Dragó. “Delirios 15M” lo llamo ahora.


Al final todo lo que conseguí fue ser engullido por mi preocupante tendencia a la pedantería y darme pereza a mí mismo. Mucha. Tanta que decidí no leerme, abandonando sucintamente de nuevo un proyecto bloguero, y demostrando de paso que un blog sólo se puede llevar con unos mínimos de dignidad en épocas de feliz y despreocupada universidad. Cuando aún no me tenía por mesías salvador del universo y todo lo que me preocupaba era tener un buen pedo y/o polvo el siguiente fin de semana. Y cuando casi siempre el pedo acababa irremediablemente con toda posibilidad de polvo. Que, total, para los polvos que tenía a la vista, casi mejor.


Pero mira, que no me resisto. Ayer recibí uno de esos varapalos vitales con que te dan ganas de hacer un aquelarre y pedir al demonio unas cuantas desgracias ajenas. Porque en casa solo tengo un muñeco de vudú, y está ya asignado en exclusiva a mi ex, que lo pone en el muñeco y todo. Esta declaración suena extraña y no hace sospechar nada bueno sobre mí, cierto, pero tiene una buena explicación que me exime de toda culpa. En serio. Promise. Un día lo casco. Y puede que me den el Pulitzer, porque la historia es la hostia. Vamos, ríete tú del Ulises de Joyce. Que eso no es historia ni es nada, que es una mierda seca de libro.


He preguntado por la oficina, he mandado e-mails a mis amigos, mensajes de facebook a mis conocidos y lanzado tuits al mundo. Y nada: aquí ya no quedan brujas ni nadie que sepa cómo va esto de hacer un aquelarre. Así normal que estemos como estamos, si no podemos invocar el demonio ni para que le devore las entrañas a la Merkel. Por ejemplo.


Pues eso, que a falta de un bonito aquelarre, vengo aquí y me desahogo. Y digo que el mercado laboral español es una mierda pestilente. Hala. Una mierda seca, que diría mi más mejor amiga del universo. Una mierda seca aún más mierda y aún más seca que el Ulises de Joyce.


En mi antiguo blog hubiese hablado de las implicaciones políticas, de las infames reformas laborales, de la alienación productivista y consumista. Pero en éste sencillamente me cago en tó lo que se menea, sobre todo en aquellos tristes que anteponen su mierda de trabajo a su vida personal. Me cago en la imposibilidad de hacer mi vida dónde me dé a mí la real gana, para que luego venga algún anormal idiotizado a decirme que en Cuba la gente no puede trabajar ni dónde ni en lo que quiere. No te jode. ¿y tú puedes, hijo mío? Claro que no. Ni tú ni yo. Ay, estos chiquillos...


De momento me voy a contener las ganas de quemar nada, que la semana pasada ya ardieron bastantes cosas por Bilbao y no está el horno para que llegue yo ahora a montar un desorden público por un quítame de ahí ese contrato que me da la risa. Que de ahí a ser de la ETA hay un paso muy corto y para mí que ya hay quien me investiga y todo. Otra historia de Pulitzer que tampoco viene al caso.


No voy a dar motivos, decía, que bastante tengo ya con cagarme en el sistema laboral como para empezar ahora a hacerlo en el judicial.


Que digo yo, ¿tendrán wifi en la cárcel?

martes, 5 de julio de 2011

Vallandantes: más allá de los desayunos callejeros.



Vivimos semanas convulsas y emocionantes. Abriéndose paso entre la incertidumbre de lo que el Movimiento del 15 de mayo nos deparará, se han desvelado ya algunas certezas. La más importante de ellas, al menos para el que firma, es la recuperación de la calle y de la plaza, del espacio público, para la convivencia no consumista.


No descubriré nada nuevo si hago hincapié en que algunos de los pilares fundamentales que sustentan la sociedad contra la que ahora nos levantamos son la individualidad, la competición y el consumismo. Los tres son elementos básicos de un engranaje que boicotea la convivencia cívica y convierte nuestras calles en lugar de paso, poco más que un mero e inevitable tránsito entre tienda y tienda. Contra ese concepto que reduce ciudadanos a consumidores, se abren iniciativas espontáneas que pretenden hacer de nuestras aceras, parques y plazas lugares para conocer y reconocer a nuestros conciudadanos: la vía pública como fin en sí mismo, como escenario de nuestra vida ociosa y deliberativa con los demás.


La explosión del 15M ha llevado nuestra visión de ese otro mundo posible desde la reclusión inoperativa a las grandes plazas de todo el país. Allí estamos debatiendo y compartiendo con gentes desconocidas los problemas y soluciones a un sistema cada vez más asfixiante. Pero el asfalto de nuestras ciudades y pueblos no han de ser solamente lugar de reflexión política: ese otro mundo deseado es, ante todo, un lugar para el disfrute y la felicidad compartida.


Desayuno con Vallandantes, nacido premonitoriamente pocos días antes del 15 de mayo, es uno de esos proyectos que pretenden hacer de la ciudad un espacio de convivencia, dónde compartir y disfrutar del prójimo de forma natural y espontánea. La idea, extendida ya en ciudades de todo el planeta, es brillante en su sencillez: cada cual se acerca a la plaza o el parque con algo qué compartir para desayunar. Un termo con café, un bizcocho, unas pastas, una empanada o una tortilla.


El del próximo 10 julio será el tercer encuentro mañanero de los Vallandantes. Bajo la premisa de que el verano mesetario también puede y debe ser refrescante, proponen un desayuno a las 11 AM en la Playa de las Moreras, a orillas del Pisuerga. Preparen sus pistolas y globos de agua, esta vez el café estará pasado por agua.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Esto no se para

Las movilizaciones siguen. Democracia Real no ha cumplido cuatro días de vida efectiva, y ya ha originado movilizaciones que muy difícilmente se podrían haber sospechado hace una semana. En ciudades como Valladolid, por ejemplo, no se vivían protestas tan masivas desde las manifestaciones contra la guerra de Irak de hace ya siete años. La convocatoria inicial del domingo, cuyo inesperado éxito desbordó a organizadores y medios de comunicación, ha dado lugar a un revuelo generalizado a lo largo de todo el Reino. Un revuelo que reúne muchas ilusiones, que crece sin freno y que aún depara gratas sorpresas.

Somos muchos los que pensamos que esto es solo el comienzo de un movimiento que debe tener continuidad, para alimentar progresivamente protestas con propuestas. De otro modo no se explica que la solidaridad con los acampados desalojados de la Puerta del Sol, organizada en más de cuarenta ciudades españolas, se haya convertido en la constitución de Asambleas masivas en las que se deciden no solo aspectos prácticos de la protesta, sino en las que se debate sobre aquello que no funciona como debería y se empiezan a esbozar ya posibles soluciones.

No son pocos los que en Madrid, Valencia, Barcelona o Bilbao han pasado la noche al raso, en un acto simbólico de protesta pacífica. Las acampadas, que crecerán en donde están establecidas y nacerán en otras ciudades en los próximos días, son un medio de visibilizar el compromiso con la protesta. Son la necesidad de hacer ver que esto no es una rabieta momentánea, que estamos seriamente dispuestos a hacernos oír e intentar cambiar el orden establecido.

Mientras esto crece, y después del silencio inicial, los medios están cada vez más atentos. Pero la gran mayoría lo están con la visible intención de miniminizar, denigrar e incluso ridiculizar las protestas. Medios como la radio SER, el periódico El País o la radiotelevisión pública reducen con descaro el número de participantes en las asambleas, caricaturizándonos como perroflautas sin oficio ni beneficio, poco más que maleantes que no tienen otra cosa qué hacer o en qué entretenerse.

La realidad de los manifestantes es muy diferente: somos estudiantes y profesionales de todo tipo y cualificación, asalariados y parados; no somos ciudadanos con intención de arrasar con nada ni nadie, solo queremos expresar nuestro profundo desacuerdo con el mundo en qué vivimos.

En la Asamblea de Bilbao, a la que asistí ayer, se generó un debate que fue mucho más allá de la crítica barata al sistema por la que muchos nos critican. Allí se habló de sobreconsumismo, de la explotación laboral a escala global y nacional, del sistema electoral y parlamentario que no ofrece representación real de la ciudadanía, de la trampa crediticia con que nos seducen los bancos, de la manipulación de los grandes medios. Y frente a todo ello se contrapuso la posibilidad de actuar: primero con la comunicación personal, después con la banca ética y el consumo de productos locales, con la reducción de nuestro consumo, con la búsqueda de un modelo de vida más feliz y menos competitivo.

Puede que aún no sepamos cómo materializar el cambio, pero sabemos que queremos un cambio, y en qué dirección lo queremos. Así que ahora no podemos parar. Es imposible.


martes, 17 de mayo de 2011

Por la participación ciudadana: En defensa de Democracia Real Ya.


Las protestas llevaban semanas gestándose. Lo leíamos en internet, en nuestros muros de facebook, en los tweets de nuestros amigos. Mientras en los telediarios ciudadanos griegos, franceses, portugueses o británicos se manifestaban contra los infames recortes que invaden toda Europa, unos cuantos súbditos españoles decidieron que ya era hora de dejarse ver aquí también.


Era el momento de hacer saber que somos muchos los que no estamos de acuerdo con los recortes del gasto público, los que nos escandalizamos con que uno de cada cinco trabajadores estén parados mientras las jornadas de quienes estamos asalariados se alargan cada vez más, los que sentimos repugnancia por unas reformas laborales que tienen como única intención polarizar más aún la distribución de la riqueza. No, señores gobernantes, banqueros y empresarios: no queremos trabajar más por menos. No queremos esclavizarnos para que se enriquezcan a costa de nuestro trabajo.


Nosotros, los ciudadanos que salimos el pasado domingo a manifestarnos, estamos hartos, indignados y enfadados. Enfadados con un gobierno que cede por completo y sin complejos la soberanía nacional a los tiburones del mercado neoliberal. Indignados con un sistema electoral injusto y aproporcional que impide de facto que cualquier movimiento político emergente pueda contar con representación en las instituciones. Hartos de tener miedo a un futuro incierto, de tener que bajarnos los pantalones ante aquellos que nos repugnan para poder sobrevivir.


El 15M fue una prueba de fuego, que constató que bajo unos mínimos ideológicos comunes, los de la democracia, la justicia y la igualdad reales, somos muchos los que podemos y queremos unir fuerzas. Ojalá esto haya sido únicamente el comienzo de un proceso que lleve el compromiso por la protesta común a muchas más personas, a todos aquellos que el domingo se quedaron en casa pensando que manifestarse no serviría de nada, que no estaban de acuerdo con todos y cada uno de los puntos del manifiesto, o que sencillamente no se enteraron a tiempo de las protestas.


Unirse y manifestarse es el primer paso.


Ahora no podemos dejar de andar.


Esto no se para.


Actualización: Hoy, martes 17 de mayo, ha habido nuevas concentraciones, manifestaciones y asambleas por toda la geografía del Reino de España. Para muchos era una respuesta a la disolución del campamento de Sol de anoche. En cambio se ha convertido en una nueva posibilidad de intercambiar frustraciones e ideas, de hacer ver que seguimos siendo muchos y que podemos ser más.


De momento, enfrente del Arriaga de Bilbao se mantienen 40 ciudadanos, dispuestos a pasar la noche y lo que resta de semana.


Cada vez con más fuerza: Esto No Se Para!