Es que no hay manera. Lo he intentando, de verdad que sí, pero está visto que no. Intenté dar un cariz serio y formal al blog, ponerme trascendental y lanzar al mundo mi mensaje de responsabilidad social y política. Ni más ni menos, creyéndome poco menos que un anti-Sánchez-Dragó. “Delirios 15M” lo llamo ahora.
Al final todo lo que conseguí fue ser engullido por mi preocupante tendencia a la pedantería y darme pereza a mí mismo. Mucha. Tanta que decidí no leerme, abandonando sucintamente de nuevo un proyecto bloguero, y demostrando de paso que un blog sólo se puede llevar con unos mínimos de dignidad en épocas de feliz y despreocupada universidad. Cuando aún no me tenía por mesías salvador del universo y todo lo que me preocupaba era tener un buen pedo y/o polvo el siguiente fin de semana. Y cuando casi siempre el pedo acababa irremediablemente con toda posibilidad de polvo. Que, total, para los polvos que tenía a la vista, casi mejor.
Pero mira, que no me resisto. Ayer recibí uno de esos varapalos vitales con que te dan ganas de hacer un aquelarre y pedir al demonio unas cuantas desgracias ajenas. Porque en casa solo tengo un muñeco de vudú, y está ya asignado en exclusiva a mi ex, que lo pone en el muñeco y todo. Esta declaración suena extraña y no hace sospechar nada bueno sobre mí, cierto, pero tiene una buena explicación que me exime de toda culpa. En serio. Promise. Un día lo casco. Y puede que me den el Pulitzer, porque la historia es la hostia. Vamos, ríete tú del Ulises de Joyce. Que eso no es historia ni es nada, que es una mierda seca de libro.
He preguntado por la oficina, he mandado e-mails a mis amigos, mensajes de facebook a mis conocidos y lanzado tuits al mundo. Y nada: aquí ya no quedan brujas ni nadie que sepa cómo va esto de hacer un aquelarre. Así normal que estemos como estamos, si no podemos invocar el demonio ni para que le devore las entrañas a la Merkel. Por ejemplo.
Pues eso, que a falta de un bonito aquelarre, vengo aquí y me desahogo. Y digo que el mercado laboral español es una mierda pestilente. Hala. Una mierda seca, que diría mi más mejor amiga del universo. Una mierda seca aún más mierda y aún más seca que el Ulises de Joyce.
En mi antiguo blog hubiese hablado de las implicaciones políticas, de las infames reformas laborales, de la alienación productivista y consumista. Pero en éste sencillamente me cago en tó lo que se menea, sobre todo en aquellos tristes que anteponen su mierda de trabajo a su vida personal. Me cago en la imposibilidad de hacer mi vida dónde me dé a mí la real gana, para que luego venga algún anormal idiotizado a decirme que en Cuba la gente no puede trabajar ni dónde ni en lo que quiere. No te jode. ¿y tú puedes, hijo mío? Claro que no. Ni tú ni yo. Ay, estos chiquillos...
De momento me voy a contener las ganas de quemar nada, que la semana pasada ya ardieron bastantes cosas por Bilbao y no está el horno para que llegue yo ahora a montar un desorden público por un quítame de ahí ese contrato que me da la risa. Que de ahí a ser de la ETA hay un paso muy corto y para mí que ya hay quien me investiga y todo. Otra historia de Pulitzer que tampoco viene al caso.
No voy a dar motivos, decía, que bastante tengo ya con cagarme en el sistema laboral como para empezar ahora a hacerlo en el judicial.
Que digo yo, ¿tendrán wifi en la cárcel?
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